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cuando el coachee / cliente es el cerebro masculino

la antropología, biología, neurología y psicología tradicional han realizado sendos esfuerzos por demostrar que el cerebro masculino es estructuralmente diferente al femenino; la prolífica  publicación de textos y artículos sobre este tema, ha consolidado varios best seller de carácter estrictamente literario que han reforzado esa creencia en la cultura popular; afortunadamente los científicos están concentrando esfuerzos cada vez más fructíferos, en hacer evidente los secretos que nos mantenían distantes de cómo estamos codificados para reaccionar, de cómo somos indiferenciados en esencia, pero  especializados en nuestra capacidad adaptativa.

los resultados de la neurociencia apoyan que, en efecto existen diferencias cerebrales de génesis sexual, es evidente que cerebros de hembras y machos han evolucionado de manera diferenciada a objeto de responder eficientemente a las demandas de su entorno y sus relaciones; las necesidades de perpetuación y supervivencia de la especie, han moldeado nuestras estructuras cerebrales dejando su impronta cromosómica en nuestro centro de procesamiento neuronal, sin embargo el consenso general es definitivo en apuntar que son muchas más la similitudes que las diferencias corticales las que nos acercan y unen a pesar de la diferenciación sexual; nuestros cerebros son diferentes en cuanto los patrones cerebrales y conexiones son diferentes en el plano resolutivo, en cómo las hormonas encienden y resuelven procesos críticos, en cómo muy pocas de sus estructuras de diseño se han hecho prominentes ante otras dependiendo de nuestra misión social, todo ello es cierto, pero no es diferente en su diseño estructural, tenemos indistintamente una construcción de las porciones de reptil, mamífero y humano inter-actuando entre sí.

qué consideraciones especiales demanda el coachee / cliente masculino?

hagamos una revisión al proceso evolutivo cerebral masculino, una historia que comienza a las 6 semanas de gestación cuando dejamos de ser una conglomeración celular femenina, y que gracias a la replicación evolutiva del cromosoma “y” nos diferencia en machos y hembras, un proceso que se genera con la inundación de testosterona en el cerebro que se prolonga hasta que tenemos cerca de 1 año de edad, la conocida “adolescencia infantil”, caracterizada por una marcada elevación del nivel hormonal que persigue en el macho incrementar su impulso de búsqueda y exploración.

Tras pasar el año de edad entramos en un período de latencia, los niveles de testosterona en el cerebro disminuyen considerablemente para dar acceso a las conductas orientadas al desarrollo de habilidades sociales, pero a los 9 años comienza un nuevo período de incremento del nivel hormonal, su tasa se multiplica por 20 y comienzan a aparecer las conductas de detección de hembras, deseo sexual, desafío a la autoridad y territorialidad.

la adolescencia como el período de mayor transformación biológica consigue en la descarga de testosterona en todo el sistema la energía necesaria para activar los impulsos que permanecían durmiendo en nuestro código genético aumentando el foco sexual y la agresividad. louann brizedendine, quien ha generado gran parte de los sustentos experimentales en el área neurológica de género, ha encontrado que entre los 9 a los 15 años de edad, el cerebro masculino experimenta un incremento del 250% en sus niveles de testosterona, se activan los patrones cerebrales asociados al interés y al impulso sexual, apuntalando las prioridades masculinas de territorialidad, jerarquía y pulsión sexual. esta sobre-saturación química en el cerebro condensa una explosión neuronal que genera la mayoría de las conexiones sinápticas y que no se terminará sino hasta los 22 a 25 años de edad. En palabras de belmonte este es el periodo en el que termina de configurarse todo nuestro sistema de gestión como especie.

como machos de la especie, superada la metamorfosis que comienza tempranamente en la adolescencia y termina con el comienzo de la vida adulta, entramos en un proceso estable pero fluctuante en los niveles de testosterona, que se eleva para activar nuestra conducta de competitividad, afirmación, poder y reproducción, y que disminuye de manera evidente en las pruebas clínicas durante los períodos de embarazos de la hembra o de cuidado de las crías. cuando el cerebro masculino se enfoca en uno femenino, aumentan los niveles de dopamina y oxitocina, conocidas como hormonas del “attach”, del compromiso, del enlace, de la atención exclusiva. cuando el cerebro masculino detecta a través de la bioquímica del sudor femenino el estado de gestación de la hembra, aumenta sus niveles de prolactina, produce lo que se denomina el “embarazo empático”, activan los patrones cerebrales de protección y defensa. cuando el cerebro masculino entra en contacto con las acciones implicadas en el cuidado de la prole, la evidencia neurológica denota un aumento en su área prefrontal asociada con la predicción e intuición, así como el incremento de la actividad neuronal límbica asociada con los miedos e instintos.

comenzando la madurez alrededor de los 50 años, el cerebro masculino entra en su período de estabilización, los niveles de testosterona disminuyen hasta un 50% y aumentan los de la oxitocina y estrógenos, el macho de la especie humana experimenta una disminución de la conducta agresiva y del impulso sexual y aumenta su capacidad receptiva, su capacidad para leer expresiones faciales y la actividad de sus patrones cerebrales de asociación.

qué estructuras están diferenciadas en el cerebro masculino del femenino? 

nuestros cerebros como especie son estructuralmente idénticos, las diferencias neurológicas científicamente demostradas son ínfimas comparadas con las similitudes, sin embargo es cierto que estas diferencias son marcas evolutivas que han asegurado nuestra supervivencia, las grandes diferencias en cómo nuestros patrones cerebrales se han configurado para atender y responder a las demandas de perpetuación son el fascinante campo de estudio en el que la neurociencia hace y seguirá haciendo sus mayores aportes.

de forma concreta podemos señalar que en el cerebro masculino el área pre óptica medial es 2 veces y media mas grande que en el femenino, y está asociada a la conducta y el impulso sexual; las uniones temporo-parietales son más activas en que en el cerebro femenino, fundamentando la empatía cognitiva y el procesamiento cognitivo emocional; la conducta territorial y defensiva de la hembra y las crías se origina en la prominencia del área pre-mamilar en el hipotálamo y mientras las hembras emplean ambos hemisferios cerebrales para realizar sus tareas los machos de la especie usan un hemisferio de manera selectiva.

pero cómo afecta al proceso de coaching la diferencia de género?

aceptando la evidencia científica y cómo los diferentes procesos biológicos nos determinan, podemos visualizar como los códigos genéticos grabados en nuestro plan cerebral orientan la conducta de los hombres hacia un tipo de reacciones y conductas sobre otras, nuestros coachees / clientes están expuestos no solo a la dinámica ambiental y social, sino que se encuentran sometidos por un patrón evolutivo que los impele y estimula a la perpetuación de comportamientos justificados en el pasado, pero que actualmente nos pueden resultar inadecuados o disfuncionales.  hoy entendemos las psicopatías y sociopatías como un espectro de formas humanas caracterizadas por la ausencia de desarrollo y mediación prefrontal y el gobierno de los impulsos más primarios asentados en la región límbica, no casualmente la población penitenciaria en los estados unidos de américa esta formada en un  85% por hombres.

en los procesos de coaching y counselling, en la interacción con clientes y empresas frecuentemente nos vemos en situaciones de interacción con un auditorio mayoritariamente masculino, un montón de cerebros masculinos entre los 23 y 60 años de edad, presos de las fluctuaciones propias de los niveles de testosterona, algunos enfocados de manera vital en la jerarquía, la territorialidad, el reconocimiento y éxito social y el impulso sexual, mientras otros están plenamente orientados al compromiso afectivo, la protección, la intuición, la predicción, los miedos y la empatía, en consecuencia, cuando abordemos el cerebro masculino no debemos obviar los condicionantes genéticos que funcionan como rieles o condicionantes cognitivos y conductuales desde el asiento de su inconsciencia.

cuando nos enfrentamos a un cerebro masculino en su existencia personal, o en su interacción organizacional o en su devenir social estamos lidiando con un órgano que ha sido exitoso en su gestión durante toda nuestra historia como especie para garantizar nuestra permanencia evolutiva como seres superiores. aceptando la definición darwiniana del “gen egoista”, hoy sabemos que estos intentan a toda costa replicarse y perpetuarse en los códigos de transmisión, un mecanismo de selección que hace infinita, en lo posible, la existencia de un mismo código.

en la práctica profesional repetidamente observamos patrones de conducta que exhiben fundamentalmente, un contenido inconsciente grabado en nuestro cerebro como patrones; la persecución de un liderazgo como motivo de acción  que responde a una necesidad de drenar la inundación de testosterona que satura los centros asociados a la jerarquía, la autoafirmación, la transmisión de los genes y la necesidad congénita que impele al macho a desafiar el “status quo “; el apego a creencias y valores que aunque resultasen limitantes, obedecen al impulso de los patrones asociados a la territorialidad, los mecanismos de contención y mantenimiento de la manada y las herramientas que aseguran la exclusión de potenciales competidores; la exhibición y despliegue de conductas exhibicionistas, narcisistas o intimidatorias que evidencian la pulsión sexual que pretende reafirmación, control y poder sobre el resto de los potenciales rivales; y en un extremo los ciclos de abuso de poder, de persecución en el trabajo, de represión y dominio como expresión primitiva de un área prefrontal que no se ha desarrollado adecuadamente.

la psiquiatra madeleine castellanos en su publicación “guide to male sexual issues” ha señalado que factores como el estrés, el ambiente y las condiciones sociales influyen en la disminución de los niveles de testosterona en hombres adultos como un mecanismo para asegurar su superviviencia en condiciones de desventaja, y también ha documentado como al generarse el “attach” o compromiso con una pareja estable esta disminución de hormona en el cerebro asegura su disposición a la monogamia y cuidado de los descendientes; pero de manera asombrosa también ha observado que los niveles hormonales responden sorprendentemente ante los desafíos, otorgándole al cuerpo la energía necesaria para la tarea, tan impactante que si el reto se resuelve victoriosamente, la testosterona aumenta un 20%, mientras que si la resolución es desfavorable esta puede registrar una caída hasta del 90%; una explicación a la orientación a la competencia en hombres, el núcleo de la avidez con que se persigue el primer puesto, el mayor ascenso, la notoriedad social; las visitas a nuestras sesiones por una sensación vívida y paralizante para el cerebro masculino que se circunscribe al fracaso en una adjudicación de un proyecto, el desacierto de una iniciativa empresarial, el desatino en la administración de los recursos, la insuficiencia en el control de los hijos,  la incapacidad de reconocer el histórico de desempeño.

susan barey, una reputada neurocientífica de la universidad de harvard, tal como lo han hecho gazzaniga, boyden, fisher, fine y muchos otros, asegura que los circuitos neuronales cambian durante toda nuestra vida a través de la experiencia, es capaz de adaptarse, de generar nuevos mecanismos resolutivos. sus investigaciones en el campo de la percepción visual y su aplicación  en la terapéutica, han logrado que personas con una disfunción visual puedan experimentar y tener una visión 100% adecuada mediante el entrenamiento cerebral que logra la generación de nuevos patrones cerebrales, una ratificación sobre la plasticidad cerebral propuesta por altman y la neurogénesis demostrada por alvarez-buylla.

el cerebro masculino no se diferencia en términos de desempeño intelectual del femenino según brizendine, somos tan capaces mujeres como hombres de rendir al mayor nivel intelectual en igualdad de condiciones. la incorporación progresiva, y con suerte, cada vez mayor de la mujer a todos los ámbitos de actividad humana, esta re-configurando todo el sistema de relaciones personales, laborales y sociales, un movimiento colosal que requerirá de una adaptación evolutiva eficiente de los “genes egoístas” que resulten capacitados para afrontar dicha tarea y que, quizá no sean en esta oportunidad los que nos han funcionado hasta el presente.

el poder del cerebro masculino para perpetuarse no reside en su determinismo genético, al igual que el del femenino, depende de su capacidad prefrontal para generar conexiones y gestionar desafíos que requerirán de todos sus dispositivos estructurales; su capacidad instalada, es determinante para cumplir con los objetivos básicos de la especie, su capacidad adaptativa es crucial para superar los retos actuales, cuando la agresividad debe ser redirigida, la territorialidad reorientada y el impulso sexual reconducido.

como coaches cuando apoyamos, como counsellors cuando facilitamos, como psicólogos cuando tratamos, como formadores cuando facilitamos y como trabajadores de la salud en general, cuando nuestro cliente es un cerebro masculino debemos considerar cómo su estructura genética puede determinar su presente desde la inconsciencia, a los efectos de comprender las reacciones en el comportamiento que exhibe la persona, pero sobre todo, entender y fundamentar nuestra acción sobre la premisa de que ese mismo cerebro es capaz de generar durante casi toda su existencia nuevas conexiones y patrones cerebrales prestos al incremento de la experiencia del bienestar y continuidad futura.

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2 comentarios Escribe un comentario
  1. Jesus, me parece excelente este articulo, considero que a aquellos que no somos coachee nos da la capacidad de entender como son nuestros procesos cerebrales y como respondemos o reaccionamos a cada una de las circunstancias de la vida.
    Como madre y esposa me da tambien la oportunidad de comprender un poco mas a mis hijos, tomando en cuenta que el cerebro es capaz de generar nuevas conexiones y patrones cerebrales dependiendo de las diferentes experiencias que tenemos, buscando siempre nuestro bienestar y futuro seguro.

    17/08/2011
    • Gracias Mary, lo maravilloso del cerebro como conductor de nuestra vida diaria es que contiene en si mismo un software milenario instalado para garantizar nuestra supervivencia, y lo más asombroso es que ahora sabemos que es capaz de re-adaptarse constantemente e incluso regenerarse más allá de la adolescencia prolongada, en él, yo veo un aliado para ser felices, un salvoconducto hacia el bienestar.

      18/08/2011

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