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el cerebro anticrisis

hace 5 años que vivimos imbuídos en el reino de la crisis y sus designios, y la estrella de los FAQ o preguntas frecuentes es ¿cuándo saldremos de ello? la realidad es que las crisis son eventos repetidos en nuestras vidas que promueven lo que tanto anhelamos los profesionales de la salud mental y de la gestión del bienestar: “la salida de la zona de confort, el cambio de perspectiva, el insight o darse cuenta, el despertar, el final de la adolescencia”

y para conjurar toda esta situación nos introducimos en un mundo lógico y racional inundado de cifras, de conceptos económicos-financieros  y de proyecciones , proyecciones y más proyecciones, al límite de estar gestando otra gran erupción de profetas por doquier, con todos los riesgos que ello implica, porque somos en todo sentido una especie que crea el mundo según las percepciones derivadas de sus impulsos, emociones y cogniciones en interacción con el mundo.

detrás de esta voragine saturada de hashtags sobre mercado, primas, intereses, estimaciones, intervenciones, rescates, colapsos, debacles y el apocalipsis,  se encuentra escondido un pequeño de poco más de un kilo de peso moviendo todos los hilos… hilos en forma de millones de conexiones codificadas eléctricamente que viajan de neurona a neurona manteniéndonos presa de este síndrome de estocolmo que nos convierte en víctimas enamoradas de su secuestrador.

afortunadamente estamos condenados, hasta que la evolución tome otro camino, a ser animales eminentemente emocionales; es decir, estamos condenados a ser una especie  que permanece viva gracias a sus impulsos, a gestionar la realidad de manera adaptativa mediante una infinidad de modelos cognitivos, pero de manera fundamental, somos una especie que percibe e interactúa con su entorno mediante un complejo sistema comunicacional codificado en clave emocional, las emociones son el cristal por el que percibimos, concebimos y respondemos a nuestro mundo, esto es, nuestro ecosistema personal y nuestro ecosistema circundante.

no es casual que como describiera mclean en su modelo triuno, el sistema límbico cerebral, el asiento de la gestión emocional, se encuentre geografica y estrategicamente  ubicado en el centro de todo el sistema cerebral, esta posición preferencial le permite funcionar como el ente coordinador de todos los procesos y por tanto, generar todas las decisiones necesarias para garantizar nuestra supervivencia; consideremos que haynes en alemania ha demostrado que estas decidimos previamente a que tengamos consciencia de ello.

este cerebro inundado de la percepción de amenaza, responsabiliza al miedo por la resolución del conflicto y, este emoción convertida en general de batalla solo conoce tres posibles respuestas adaptativas exitosas: la huída, el enfrentamiento o la evitación. el miedo es capaz de activar una serie de respuestas fisiológicas que garantizan la disponibilidad de los recursos necesarios para exhibir o activar las respuestas conductuales pertinentes. cada una de reacciones del miedo, esa emoción básica ante la amenza, es la evidencia de un complejo sistema  de relaciones fisiológicas, químicas y mecánicas funcionando a toda capacidad luego de validar su éxito adaptativo  trás millones de años evolución.

la crisis actual como todas las crisis, son parte del continuum existencial de la especie. nuestra primera tarea para adaptar nuestro cerebro a ellas, es comprender el carácter permanente de la crisis. la segunda gran tarea a la que nos enfrentamos es la de generar una visión introspectiva de la crisis,  en palabras de siegel permitir con la intervención del sistema cerebral y nuestras relaciones, la modificación de nuestro mindsigth, de nuestra cartografía cerebral, lo que sebastian seung describe como conectoma humano para referirse al intrincado sistema de mapas neuronales del cerebro humano funcionando en su totalidad.

para muchos neurocientíficos la gestión del mundo es una mera función cortical del lobulo frontal, pero la crisis no existiría a menos que todo el sistema estuviera inundado con las descargas hormonales dirigidas desde los sistemas sub corticales, no existiría a menos que el mercado y sus leyes no fuesen más que el resultado de millones de percepciones relacionándose en un mismo momento, no existiría a menos que las prioridades se determinaran en base a los modelos mentales de la especie, no existiría a menos que el miedo activase con tal voracidad nuestra s necesidades más básicas de permanencia por encima del resto de os congéneres.

en este momento entiendo que de este tipo de cerebro emanen la corrupción, la desigualdad, la hegemonía, la xenofobia, la intolerancia, el  proteccionismo, el radicalismo, etc., etc., etc., son una adaptación semántica de la misma condición… huída, enfrentamiento, evitación. en este momento entiendo la propuesta de gazzaniga sobre el carácter diferenciador de nuestro cerebro,  un organo relacional de alta especialización ya que nuestra supervivencia no es resultado de la individualidad, sino  de nuestro éxito para solucionar problemas en grupo.

el cerebro anticrisis requiere mantener un nivel adecuado de cortisol y adrenalina, que le permita gestionar la alerta y el incremento del umbral perceptual, para realizar las tareas inherentes a la percepción del ambiente externo y de la condición interna, esto es, la aceptación del miedo como una emoción necesaria y movilizadora.

la realidad experimental ha hecho evidente que los procesos de aprendizaje, toma de decisiones y creatividad se registran en la actividad cerebral con mayor nitidez  en los estados activados por las emociones del bienestar, plenas de dopamina y serotonina; especialmente en las investigaciones sobre mindfullness y las más recientes centradas en el focusing y otras metodologías de intervención.

el cerebro anticrisis, que requiere evidentemente haber satisfecho las demandas emanadas del imperio de los impulsos (alimentación, seguridad fisica), demanda una reducción inmediata del nivel de pánico generalizado percibiendo la magnitudy alcance de la situación actual y un incremento desesperado de las emociones afiliadas a la pertenencia, la protección y la manada.

en la medida que personas, comunidades, empresas y organizaciones descifremos el mecanismo que subyace a la situación de miedo, encontraremos con facilidad las opciones para despejar la percepción fantasiosa de que la crisis es un estado amenazante, cuando en realidad, la crisis nos ha traído aquí; nuestra capacidad para gestionar la crisis es la razón de nuestra hegemonía como especie, frente a la extinción de aquellas que han sido incapaces de adaptarse a la perpetuidad del cambio, por ello, nuestro cerebro anticrisis es la unica garantía de éxito en la siempre que confiemos en su capacidad intuitiva, como señala gigerenzer: “la capacidad heurística de todo ser humano para resolver con facilidad los problemas, incluso aquellos que por su complejidad estan fuera del alcance de cualquier robot”

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